Panachi

Agosto ha irrumpido intenso en mi vida, tanto que no sé ni por dónde empezar. El trasiego de los días me ha mantenido alejada de mi ordenador y conectada directamente a las realidades que me envolvían.

IMG_2953Comencé el mes asistiendo al IX Festival Latinoamericano de Música Folclórica, organizado por la Fundación Cardiovascular de Colombia, que se celebró en el impresionante Parque Nacional del Chicamocha. El paraje queda bastante cerca de Bucaramanga, se sitúa en el cañón del río Chicamocha, en la cordillera Oriental de los Andes colombianos. El espectáculo natural es árido, impactante y de altura. Atraviesas el cañón a bordo de un teleférico desde donde el atardecer conmueve. Una vez en el recinto, cerveza roja Club Colombia, fotos de rigor y rumbo a los conciertos. Desde música llegada de la Patagonia argentina hasta ritmos de la isla de San Andrés. La música se apodera de tu cuerpo y es imposible permanecer sentada. Y la alegría de los ritmos y de la gente, se contagia.

En este caso, fuimos allí a disfrutar del Festival, pero en Panachi (como se conoce al Parque Nacional del Chicamocha) puedes practicar deportes de riesgo, ir a un complejo de piscinas, admirar la escultura a la revolución comunera por la Independencia de España que se dio en la zona, o comer IMG_2984un poco de todo. Incluso hormigas culonas, típicas de la gastronomía santandereana. No podía perder esta oportunidad así que me animé a comprar una bolsita. Las venden como allá se consiguen las almendras garrapiñadas. Confieso que al principio hasta tocarlas me daba repelús (son unas hormigas de unos tres centímetros con un cuerpo enorme), pero una vez que te las llevas a la boca se te pasa todo. No tienen para nada mal sabor, están tostaditas y tienen una salazón que a mí me recordaba a la del jamón serrano, ¡en serio! La textura es similar a la de las palomitas de maíz, son crujientes y ligeras.

IMG_2982Me siento tan bien acogida aquí, la gente está siendo tan amable conmigo, que me imagino que para cualquier persona colombiana debe de ser muy duro emigrar a España. Supongo que será un choque encontrarse con la distancia que allí mantenemos, además de con los prejuicios tan habituales sobre la población latina. En cambio aquí se cuida al extranjero, se le mete en tu casa el primer día y te preocupas de que se amañe a la perfección. No puedo evitar sentir cierta culpabilidad y vergüenza sobre nuestro comportamiento y nuestro miedo a lo diferente. Así que me siento responsable de difundir la otra imagen de Colombia que no sale en los noticieros, la de la gente alegre, cercana y generosa, la de los paisajes increíbles, la del compromiso por la paz.

Eva

P.D.: ¡Las fotos no hacen justicia al paisaje en directo!

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