Eva Luna en Medellín

El fin de semana del 7, 8 y 9 de agosto, las cuatro chicas de Juventud Vasca Cooperante que estamos en Colombia, pudimos reencontrarnos para ponernos al día en el territorio paisa de Medellín, en el marco de la Feria de las Flores. En dicha ciudad están colaborando dos, dentro de la Fundación Ciudad Don Bosco. Hasta allí nos trasladamos la otra chica que está ubicada en Pereira, a unas tres horas de Medellín por tierra, y yo desde Bucaramanga.

Viajé por tierra, que es más económico y era la única alternativa que me permitía compaginar mis horarios. Así que la noche del día 6, recién llegada de Oiba de cumplir tareas de mi proyecto durante la semana (sobre lo que ya ampliaré información), tras un trancón (atasco) inmenso a la altura del cañón del Chicamocha (con el que me he familiarizado ya mucho), y con el tiempo justo de darme una ducha y coger ropa limpia, volví de nuevo a la Terminal de Autobuses de Bucaramanga para a las 22:30 emprender un viaje nocturno a Medellín en un autobús de dos pisos. Curiosamente ir en el piso de arriba es bastante más barato que en el de abajo, comentan que la gente teme a las alturas y que las ramas de los árboles chocan bastante contra el techo del bus. Yo allí que fui esforzándome por dormir todo lo que pude, aunque mi cuerpo no es de los que se permite encuentros con Morfeo en trayectos así.

IMG_3265Amanecí en Medellín a las 6:45 del día 7. Llevaba una dirección apuntada y unos teléfonos de las compañeras. Fui a coger un taxi fijándome bien en el número de placa y en la pinta del taxista, más vale prevenir. Nos llevó unos tres cuartos de hora llegar hasta Ciudad Don Bosco. Se sitúa en la comuna de Robledo Aures, arriba en uno de los montes que bordean la capital antioqueña. Es un macrocentro para chicos (no hay chicas) desde los 12 años a la veintena, que se encuentran bajo la protección y/o tutela del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Allí residen unos 300 en régimen de internado o semi-internado (quienes trabajan o estudian fuera pero acuden allí a dormir), y van a estudiar ciclos formativos más de 600. En los poquitos días que estuvimos en Medellín, pudimos compartir bastantes ratos con los chavales de Ciudad Don Bosco, allí en el centro y también yendo juntos al Desfile de Silleteros del domingo. Todos tienen duras historias de vida y desprotección. Muchos son consumidores de todo tipo de drogas de bajo coste, que son fácilmente adquiribles en el barrio, donde operan dos bandas que en ocasiones pelean por el territorio y vacunan (cobran un dinero) a los comercios de la zona y los conductores de autobuses.

Me impactó la conversación con un chaval de 15 años, su nivel de madurez, su participación social en grupos juveniles de Medellín, su vocación por luchar para que el respeto y la convivencia fueran más que una utopía. También las habilidades de beat box de un chico del Chocó colombiano, que había aprendido la técnica únicamente mirando vídeos de internet y ya había cosechado algún premio de talentos. La capacidad artística de otro de los chicos que había publicado recientemente varios de sus dibujos, de diseños bellísimos y de significado profundo. Las ansias de cada uno de ellos por labrar un proyecto de vida, puros resilientes reforzados como el ave Fénix. La esperanza de que más allá de la realidad de que muchos de ellos sólo encuentran sosiego en las drogas, hay modos de seguir adelante y construir un futuro, a pesar de los horrores de la vida.

IMG_3306El domingo, que fuimos todos al centro a ver el Desfile de Silleteros y las esculturas de flores, cerca de la Plaza Mayor se encontraban ubicados varios stands municipales, con enfoque lúdico y divulgativo. En el stand del ejército se informaba de que en los últimos diez años el porcentaje de asesinatos en Medellín había descendido un 90% gracias al plan de seguridad municipal. La actividad lúdica que se proponía allí era vestir a cualquier persona que se acercase con las protecciones militares, así como enseñar sus fusiles, cómo se quitaba el automático y cómo se ponía el modo de ráfaga, y la posibilidad de sacarte fotos portando el fusil y el equipamiento. Me dolió muchísimo ver como muchos niños y chavales se arremolinaban ante el militar que muy orgullosamente les enseñaba cómo funcionaba su arma como quien enseña un juguete nuevo. Además acompañaba el stand un muñeco inflable militar, con la sonrisa de cualquier dibujo animado, que posaba para las fotos con toda la muchachada. Sin dudar de que la función del ejército sea necesaria en un contexto tan violento como ha sido el de Medellín, la frivolidad con que se encubría el riesgo de la profesión militar y de las armas, y con la que se lograba atraer a los niños, me dio ganas de llorar.

Me quedo con la esperanza y las ganas de vivir que vi en los ojos de tantos chavales supervivientes de la tragedia. Uno de los chicos de Ciudad Don Bosco nos rebautizó a todas según su criterio, y el seudónimo nos acompañó todo el fin de semana. Eva Luna recorrió poco Medellín turístico, ya que llegar al centro desde nuestra comuna llevaba aproximadamente una hora, sin embargo pudo abrir más los horizontes de su mente gracias a estos chavales.

Gracias, artistas.

Eva

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