La luna escarlata se quedó con media Eva

Escribo esta última entrada tras una semana exacta de mi regreso a Vitoria-Gasteiz. Las sensaciones al regreso son confusas, melancólicas, nostálgicas. Una se alegra del reencuentro con la cueva o el nido, claro que sí. Pero a la vez regresa con una mirada nueva sobre la realidad que, al menos en mi caso, hace que todos los lujos y banalidades por los que nos preocupamos a este lado del mundo se vuelvan frívolos y parciales.

Me traigo Colombia en el corazón y todo lo que sus tierras y sus gentes me han enseñado. Vuelvo, creo, con el corazón más grande, los abrazos más espontáneos y fáciles, la sensibilidad más a flor de piel.

En las últimas semanas allá, pude regresar a mis Oiba y Simacota, esta vez para participar en los últimos talleres con docentes de educación para la sexualidad, siempre desde la base de las habilidades psicosociales para la vida y el enfoque de derechos y determinantes sociales. Tuve la oportunidad de escuchar a cuenteros y cuenteras, personas que perpetúan la tradición oral colombiana, en los marcos de la Feria Bonita y del Festival Abrapalabra (puede que, tristemente, en su última edición). Bailé vallenatos, champeta, salsa y reggaeton, echando a la basura prejuicios de superioridad musical que no sirven para nada y que además no pueden ser más infundados. Sufrí mi primer guayabo (resaca) tras tanto baile y tanta jirafa (algo parecido a los metros) de cerveza. Regateé por última vez en las zapaterías del barrio de San Francisco y el centro comercial de Sanandresito. Fui al cine a ver el documental “Colombia: Magia salvaje” y me enamoré todavía más del país. Conocí el lindo pueblito de Zapatoca, tras atravesar parajes de geología de estudio. Me volví a sentir impresionada y pequeñita ante la magnificencia del mirador Guane, atento y cuidador de los valles y cañones de los ríos Suárez y Chicamocha. Un eclipse lunar con una superluna escarlata me maravilló la antepenúltima noche. Sentí dulces y afectuosas despedidas, lágrimas de felicidad y tristeza, de verdad que no puedo sentirme más agradecida por todo lo vivido y compartido con un equipo humano y profesional fuera de lo común.

A una semana de mi marcha, aún tengo resquicios de jet-lag, cansancio y descontrol horario. Lo primero que hice al llegar a casa fue poner los discos de uno de los grupos que han formado mi banda sonora de esta experiencia, Aterciopelados, para que el espíritu colombiano inundase mis espacios. Unos días después, mi chico me descubrió una tiendita internacional en nuestro barrio donde pude comprar ají y arepas congeladas de maíz, de yuca y de Choclo. Ayer descubrí que en mi nuevo grupo de teatro tengo un compañero colombiano. Y cada pequeño detalle que me acerca a ese país maravilloso me alegra el día.

Vuelvo cambiada y reencontrada a la vez de esta inigualable experiencia. Con más información, más acercamiento a la realidad de allá, y por ello, con muchos más interrogantes y asumiendo que todo siempre es más complejo de lo que parece. Por supuesto, y espero haber logrado un poco transmitir esta idea de Colombia, no todo es guerrilla y narcotráfico. Esas no son las realidades que lo definen. Lo que resume allí mi experiencia, y lo que más cotidianamente he encontrado, es la calidez de las personas, la confianza que te brindan, la alegría por los cuatro costados enmarcada en ese carpe diem, y lo clave que es la expresión emocional allí, el humanismo de sus conversaciones e incluso de sus reuniones de trabajo, y la de veces que te recuerdan las cosas que haces bien y tus puntos positivos, no quedándose sólo en la recriminación de los errores a la que estamos a este otro lado tan acostumbrados.

Y todo ello, facilita sonrisas, facilita el cariño, facilita el bienestar y la calidad de vida aunque las “comodidades” a las que estamos aquí acostumbrados puedan faltar.

A todas las personas con quienes me he podido cruzar en este camino, GRACIAS.

Y un enorme agradecimiento al Gobierno Vasco y Edex por haberlo hecho posible.

Hasta pronto, Colombia.

Eva

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Un comentario en “La luna escarlata se quedó con media Eva

  1. Hola Eva, recibe un cordial saludo desde una bella tierra, mágica y hermosa, llamada COLOMBIA, cuando tengas la opurtunidad de regresar a este terruño te invito a BOGOTÁ, doy gracias por tus palabras, leí todos tus block y realmente, quiero al que quiere mi patria, tu te has ganado mi cariño y amistad, saludos, te dejo mi email por si aceptas, hazul051@gmail.com,
    Un Colombiano enemorado de Colombia,
    Manuel Gustavo

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